Los Cuentos Inconexos de Zhabry Khali

la última vez

Aun no estaba segura de las razones que me llevaban a ese lugar, tal vez era pura curiosidad, tal vez sólo quería saber cómo sería ese frágil cuerpo que en el pasado había querido tanto, pero no, la única verdad es que deseaba ver su cara, percibir su asombro, saber que mi sola presencia podría demostrarle que mi “vida” había seguido y de qué manera, sí, no podía quejarme, es decir, él lo sabía, sabía de mi fascinación por aquello en lo que me había convertido, pero en éstos tiempos de escepticismo y desconfianza ya nadie creía que aquello podría ser posible, pero lo era, yo era la prueba de eso y quería demostrárselo, quería que supiera que lo había logrado sin él, sin su ayuda, sin que secretamente tuviera que estar pendiente de lo que yo hacía a cada paso.

Fue difícil rastrear el olor estando tan cerca, si bien mis sentidos se habían afinado increíblemente aun estaba en proceso de aprendizaje, aun me costaba no distraerme con la cantidad de estímulos que recibía con cada paso, con cada oleada que traía el aire, pero después de un par de minutos lo logré, capté su esencia, su aroma, capté cada detalle de aquel olor que para mí era conocido, supe que allí se encontraba y para mi fortuna no había ningún otro ser por allí rondando así que todo sería más fácil. No sabía bien cómo iba a hacer mi entrada, mentiría si dijera que estaba tranquila, pero decidí que lo mejor era hacer las cosas a la antigua y tocar a la puerta, claro, en mis más profundas fantasías soñaba con que, al llegar el momento, yo simplemente por algún truco de magia aparecía detrás de su silla llamándolo por su nombre mientras él se sobresaltaba en su asiento, pero no, no había truco posible a pesar de que mi sola existencia se salía de cualquier lógica. Toque suavemente a la puerta, sabía que él estaba allí y que por lo menos sería una gran sorpresa verme, le causaría impresión saber que lo había encontrado, si, tal vez le daría miedo, pero no tanto como si supiera toda la verdad, pero en fin, sinceramente ahora lo único que quería era que todo sucediera, la expectativa, el momento previo al desenlace, ¡ah! como amaba esas cosas que en un pasado me atormentaban, como amaba mi nuevo nacimiento al mundo en éste momento.

Hacía mucho tiempo mi corazón había quedado destrozado gracias a su cercanía, a todas las cosas complicadas que habían sucedido, me costó millones de lagrimas y sufrimiento reponerme un poco, él llego a ser una gran influencia para mi, dominaba mis pensamientos, y llegó un momento insoportable en que su sola presencia, su sola existencia en este mundo me destrozaba, sí, el tuvo razón la vez que dijo que la única forma en que yo no sufriría seria el día que él ya no existiera, pero como siempre, las cosas habían sucedido de otro modo, ahora la que había dejado de existir por lo menos en el sentido convencional de la palabra era yo, ahora quien tenía algo mucho más trascendente e importante en la vida era yo, pero entonces ¿Por qué estaba allí? Tal vez era aun mi parte humana, aquella que no se desvanecía del todo ni con el paso del tiempo.

Mientras esperaba a que se abriera la puerta revise de nuevo mi atuendo, ahora más que nunca me encantaba la exoticidad de mi aspecto, cabello larguísimo de un negro profundo, piel hermosamente blanca y claro para agregar dramatismo solía pintar mis labios de rojo escarlata y delineaba mis ojos con khol, era divertido pasear por las noches vestida como una princesa árabe-gótica con mis faldas oscuras llenas de brillantes, mis ojos maquillados, las joyas excesivas pero hermosas, adoraba ver las miradas incrédulas de las mujeres y saborear el deseo que despertaba en los hombres, pero con todo y eso aprendí a camuflar muy bien mi secreto, si bien llamaba la atención y era extravagante, nadie podría decir que yo no era humana y aquello era tal vez lo más divertido de todo, sobre todo a la hora de la caza. Pero volvamos al punto en el que estaba, yo seguía allí, esperando que detrás de la puerta apareciera aquel ser que no había visto y del que me había alejado hace mucho tiempo, me sentía algo nerviosa, si, era extraña esa sensación en alguien como yo, pero así era y mientras seguía con mi cabeza dando vueltas en torno a las diversas voces que venían a mí, él abrió. Su primera reacción fue de sorpresa, supongo que yo era la última persona que él esperaba encontrar parada allí frente a su puerta, pero luego vi que se asomó algo de emoción en su cara, claro, cuando me detalló un poco más y antes de articular cualquier palabra vio que había algo diferente en mi, supongo que lo primero que pensó fue en que estaba mucho más delgada, que me había arreglado de una forma diferente y que definitivamente éste tiempo me había sentado muy bien así que justamente para no dañar el encanto de ese sutil momento, me cerré, cerré mi mente para no captar sus pensamientos, sabía que si lo deseaba podía sentir sus emociones como si fueran mías, podría sentir el asombro, la incredulidad y la mezcla de alegría y arrepentimiento, pero no, no lo quería así por ahora, ya más adelante habría tiempo de ello, de momento sólo venía de visita, ahora lo único que quería era vivir el presente de la forma más natural posible si a eso se le podía llamar así.

-Eh… hola, es decir, cómo diabl… qué haces aquí, mejor dicho, wow que sorpresa, tanto tiempo, eh.. ven sigue, no te quedes allí, está haciendo frío ¿cómo estás?... te ves… diferente… digo, te ves bien, pero diferente, sigue, sigue, está todo desordenado pero espera te acomodo aquí.

Todo era tal y como me lo había imaginado salvo algunos detalles, era un apartamento pequeño, desordenado, había un par de portátiles y un computador al fondo con dos pantallas gigantes, el televisor en una esquina quedaba al frente de un sofá cómodo pero muy viejo, había por lo menos dos consolas de video juegos diferentes y controles por aquí y por allá, se podía ver algo de ropa regada por el lugar y una pequeña cocina al fondo con los restos del almuerzo para dos que habían tomado en la tarde, las paredes no estaban decoradas salvo una en la que había un calendario y un mapa, al lado de la torre del computador había una mesa llena de figuras de acción, sabia de la existencia de algunas de ellas pero lo que más me impresiono fue que al lado de todo esto estuviera una figura tan conocida, tan familiar, un ángel de cabellos dorados, un ángel hecho a mano, con dedicación, una figura única que nadie más tendría, pero justo en ese momento evité pensar, era lo mejor para todos. Ya me había acomodado en aquel sofá cuando vi que él llegaba con una taza de té verde.

- Gracias, en serio, pero no voy a tomarlo, no te ofendas, no es por ti,

Deje la taza a un lado y pude ver que sus ojos se detenían en mi a menudo, preguntándose qué diablos hacía allí a estas horas de la noche, porqué había ido a tocar su puerta y cómo demonios había conseguido hallarlo, así que me levante y me dirigí lentamente a la puerta de la cocina donde se encontraba, supongo que algún movimiento de aquellos que ya no eran tan naturales en mi lo desconcertó por completo y llego a asustarlo, retrocedió pero me seguí acercando con paso firme hasta quedar a pocos centímetros y fue allí cuando él comprendió que las cosas no iban bien, que debía temerme, él me había hecho muchísimo daño en repetidas ocasiones, él sabía que me había herido una y otra vez sin que eso importara, pero ahora sabía que yo no era yo, que yo era algo que ni él con toda su racionalidad de la que tanto hacia alarde podía explicar. Intentó correr pero mis fuertes brazos se lo impidieron, no era mi intención lastimarlo, no por ahora, de hecho aún no tenía claro porque yo estaba allí, así que intenté hablarle con el tono más suave y convincente que pude.

- No tienes que tener miedo, no he venido a dañarte… o por lo menos no por ahora, yo sólo vine a que me vieras, lo sé, es ridículo, de hecho si lo pienso bien es algo inoficioso incluso pero la verdad es que todo esto se me hace gracioso, verás, no sé si ya adivinaste o intuyes algo sobre lo que soy, sobre lo que me está pasando pero déjame decirte que aunque es la gloría para mi muchas veces, hay otras en que… sencillamente me aburro, en que me dan ganas de hacer alguna que otra travesura, no sé si entiendas, son cosas… cosas complicadas de explicar.

- Pero que carajos… ¿Qué diablos eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué viniste?

- Ya te lo dije, simple curiosidad, la verdad desde hace tiempo me moría de ganas por ver tu cara, saber cual sería tu reacción, saber si lograbas descubrir algo de mí, puede ser que la estúpida nostalgia humana me este contagiando pero bueno, ya que estoy aquí podría ser divertido, no dañes éste momento.

Y así me acerque lentamente, la verdad es que oscilaba entre dos emociones, deseaba beber a pesar de haber tomado la precaución de haberlo hecho antes de llegar pero también deseaba solo conversar, hacerle saber todo lo que me había pasado y no podía creer que aun sentía ese estúpido sentimiento que me llevaba a quererlo hacer partícipe de mi vida a pesar de que justamente eso había sido mi ruina, aunque esta vez era diferente, ya no había dolor y por fin todo se había conjurado, todo rastro de esos días había desaparecido y tal vez lo único que me había llevado hasta ese lugar era justamente comprobar que ya no sentía nada, probarme que era cierto que su fantasma ya no podría dañarme jamás.

Él me miraba con cierta angustia, intentaba moverse pero a la vez había cierta fascinación por mí en su cara, no podía creer que yo, aquella mujer que creía fuerte pero que le había mostrado a su vez toda la fragilidad y demencia posibles en una persona estuviera allí convertida en un ser tan horrorosamente bello y desconcertante, no podía huir, pero no soportaba lo que estaba sucediendo. Di unos cortos pasos y pase mis dedos por su cara, debió sentir el frio punzante porque la alejo de mi con terror y entonces tome todo su rostro con mis manos, y ahí me di cuenta de que no, de que definitivamente no era eso lo que me había enamorado, aunque en su momento adoré sus labios, su sonrisa, su mirada. Ya no había escapatoria, él lo sabía, sabía que mis manos heladas no eran de éste mundo y que hiciera lo que hiciera sencillamente no podría irse así que se rindió por un momento, mientras yo comencé con mi monólogo.

- Al comienzo no sabía bien porque venía, tal vez era para probarme a mi misma que ya no importaba mi pasado, que todos aquellos días de horror se habían ido para siempre y que tu influencia sobre mi había terminado. Sé que te debes estar preguntando qué me sucedió, por qué razón mis manos son frías y porque mis ojos tiene éste extraño brillo que antes no tenían, pues bien, no creo que me alcance el tiempo para contarte la historia completa, no, más bien no creo que me creas la historia completa, de hecho ni yo misma logro asimilarla algunas veces a pesar de que ha pasado un tiempo considerable, pero te diré lo básico, me he convertido en aquello que temía cuando niña y que se volvió mi fascinación después de que me dejaste con el alma rota, sé que es difícil de creer, pero al verme sabes que es real, sabes que no soy quien era cuando me conociste, sabes que hay algo inhumano en mi, algo… muerto, pero no, no es mi alma, sabes que lo que está muerto de alguna manera es mi cuerpo a pesar de que ahora más que nunca es irresistiblemente bello en su languidez. Y ahora que te tengo tan cerca, ahora que a pesar de todo he tomado las precauciones del caso y me he alimentado debidamente antes de llegar a tu puerta, una parte de mi quisiera beber de tu sangre hasta secar todo lo que existe en ti, hasta extraerte la vida, pero no te equivoques, no lo hago por venganza ni porque aun existan en mi aquellos sentimientos de odio y resentimiento que me atormentaron y me hicieron más mal que bien, no, lo hago por puro y simple deseo, porque deseo probarte, saber que más hay en ti, porque tal vez deseo comprobarme a mi misma que nunca estuve equivocada y que aquello que sabía dentro mío no era simplemente un deseo de locura, quisiera saber tus secretos, pero no del modo en que ahora lo hago siendo empática cuando quiero saber lo que los demás sienten, no, yo sólo quisiera beber del torrente de vida que hay en ti para conocerte, sé que es confuso, para mi aun ahora es confuso pero es lo único que te puedo explicar…

Silencio. Sus ojos se abrieron de par en par a cada palabra mía, su piel se puso fría mientras su corazón se aceleraba. Yo me acerque lenta y decididamente, sabía que él estaba muerto de terror, quiso golpearme pero mis manos sujetaron sus brazos mientras lo llevaba contra una pared, pase mi boca por sus labios y el tiempo se detuvo para los dos, sabía que se había rendido ante mí y yo, yo tan solo no sabía qué hacer, si dejarme llevar o contenerme. Seguí el curso de su boca, nuestros labios se tocaron levemente mientras mi aliento frio le erizaba la piel, luego seguí despacio a su cuello dulce y lo besé, lo besé con ternura, como si al hacerlo le estuviera pidiendo perdón por aquello que iba a suceder, mis labios se abrieron un poco más y sin aviso, paralizando todo a mi alrededor le hinque mis colmillos de forma rápida y limpia, él ahogo el dolor en un quejido mientras yo sentía el calor de su sangre correr por mi boca, aquel precioso liquido se derramaba dentro mío quemándome, deleitándome, haciéndome entender, si, todo era cierto, él era quien yo sabía que era y así había sido siempre a pesar del dolor, a pesar de la angustia y el sufrimiento, él era único para mí y yo era lo más maravilloso que había conocido, nuestros caminos no se habían cruzado por casualidad y seguirían unidos como siempre fue desde el comienzo del tiempo, no, el no era mi otro yo, pero era esencial en mi existencia desde siempre y eso era lo que importaba. Iba a llorar, éste era un momento único pero tenía que detenerme, no, yo no quería acabar con su vida a pesar de que lo desee durante mucho tiempo, ya tenía lo que había ido a buscar y debía dejarlo ir para siempre, ahora sí realmente para siempre de mi vida, así que me retiré intentando no agrandar más las heridas de su cuello, sabía que él estaba débil pero consiente y que al menor descuido se apartaría de mi, así que lo dejé ir, sus ojos seguían mirándome con esa extraña mezcla de dolor, miedo y fascinación, sus piernas no lo aguantaron y cayó de rodillas al lado mío, no quería que yo lo levantara pero al final no tuvo más opción, lo llevé con cuidado al sofá donde antes yo me había sentado, lo acosté y le puse una almohada en la cabeza mientras con mi mano izquierda presioné con fuerza el par de agujeros en su cuello, él intentó moverse pero no tuvo la fuerza suficiente e igual al final comprendió que aquello le hacía bien, yo estaba cerrándole las heridas y para finalizar besé su frente, él extendió su brazo para tocar mi mano, pero éste cayó al momento en que se derrumbaba en un sueño profundo del cual despertaría en la mañana, como si nada hubiera sucedido.

Me aleje dándole la espalda, quería llorar pero a la vez sabía que no brotaría de mi ninguna lagrima, ya en vida se me habían agotado todas. Me dirigí a la puerta, la abrí y empecé a caminar fuera del edificio, la luna nueva daba paso a las estrellas y mis pasos lentos y lejos de toda angustia me llevaban a mi hogar, ya todo ello era un capitulo definitivamente cerrado en mi vida, ya jamás volvería pensar en él y él tal vez nunca recordaría lo sucedido o creería que había sido producto de su imaginación o un mal sueño, al final todo había terminado y la paz para mi había llegado, ya jamás me cruzaría de nuevo en su camino, ya había probado su sangre y eso era suficiente, ya no tenía nada más que buscar en mi pasado.

 

  • un paso a la eternidad
  • la última vez
  • siempre
  • el caballero rojo
  • la pérdida
  • mi alma
  • una vez más
  • la llegada
  • al borde del precipicio
  • sucedió allí
  • la noche de luna llena
  • sólo bebe
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