
Nunca hubiera imaginado que aquella noche encontraría el destino que muchos siglos atrás se había trazado para mí, nunca hubiera imaginado que allí a sólo dos metros de distancia encontraría las respuestas y los regalos más hermosos de la vida a manos llenas. Pero siempre que abrimos una puerta se nos cierran las ventanas, siempre que elegimos un camino dejamos otros sin recorrer, encontré lo que anhelaba pero a cambio debo sacrificar todo lo que fui y seré.
Había dos cosas que me aterrorizaban a los 8 años, las arañas y los vampiros, las primeras me empezaron a dar miedo después de ver una película en la cual un camión entero de tarántulas se volcaba y aquellos animales horrendos empezaban a salir por toda una población a torturar a sus habitantes, los segundos llegaron a mi vida de la mano de la carátula de una de las tantas ediciones de Drácula de Bram Stocker, en ella un hombre con ojos muy abiertos y unos colmillos grandísimos miraba desde un cuarto oscuro causando terror, luego el niño que había llevado el libro (siempre me he preguntado qué diablos hacía un niño de esa edad con ese ejemplar) contó que la historia se trataba de un vampiro, uno de esos monstruos horribles que chupaba la sangre del cuello, desde ese momento dejé de dormir, por las noches me acostaba llena de miedo y me cubría con las cobijas hasta el cuello, sudaba frío e incluso un par de veces llegué a soñar que un hombre con larga capa negra y colmillos afilados corría tras de mí para beber mi sangre. Luego fui creciendo y los miedos infantiles se fueron olvidando, a veces se me hacía ilógico pensar que le temiera a esas cosas, recordaba que en algún momento de mi vida cuando aún era pequeña había visto varias escenas de Nosferatu de Werner Herzog y no se me había movido ni un pelo de la angustia, pero la verdad es que la memoria es algo traicionera así que deje de pensar en todo ello.
Mi vida fue transcurriendo, me sucedieron innumerables cosas y mis miedos empezaron a tener un aspecto más terrenal, ya no le temía a la oscuridad pero me angustiaba pensar que me quedaría sola algún día, si bien las arañas aun no me gustaban, pasaba más tiempo pensando en el vacío que existía en mi corazón a causa de las innumerables decepciones que había tenido con las personas, ya no pensaba en vampiros pero si me robaba el sueño el no saber qué hacer con mi vida y ya cuando había entrado en lo que se denomina la edad adulta, ya con un hijo a mi cargo, con una profesión y un trabajo, gracias a uno de mis más queridos amigos empecé a conocer más de cerca aquel mundo que si bien de pequeña creía posible, ahora me parecía que era producto de la fantasía y anhelos de miles de personas chifladas en el mundo.
Como siempre todo había comenzado después de una de las épocas más duras de mi vida, supongo que quería correr y escapar, llenar mis días de algo fuera de lo común para olvidar el dolor, y así fue como llegaron ellos, aquellas personas con las que podía ser yo por completo, a quienes mis extravagancias y mis conflictos no los alejaban de mi, aquellas personas que estaban tan o más locas que yo y con las que me sentía tan a gusto, ya no tenía que fingir, ya no tenía que negar mis creencias y así también de la mano de el mas especial de todos ellos empecé a encontrar nuevas cosas que leer, leía sobre magia, sobre principios herméticos, estudiaba las religiones de los pueblos antiguos y a la vez mezclaba todo ello con cuentos de ficción sobre vampiros y hechiceras, devore varios volúmenes de gruesos libros que contaban las aventuras de aquel que se convertiría en mi amor platónico inexistente, un vampiro llamado Lestat con el que soñaba en secreto, era irracional, lo sabia pero deseaba que se hiciera real un ser de esas proporciones y que fuera solo para mi, luego leía sobre otra clase de vampiros que enloquecían a las niñas de 13 años, a veces me parecía ridícula la historia, incluso cuando fui a ver una de las películas de la saga hubo momentos de verdadera pena ajena, pero en el fondo algo me fascinaba, soñaba también con que un ser de ultratumba y hermoso me jurara amor eterno.
Y así siguió pasando el tiempo, entre mi realidad del día a día y mis anhelos, a veces sentía que había perdido la cabeza, cómo era posible que alguien de mi edad, que alguien como yo creyera en ese tipo de cosas, alguien que se jactaba de haber adquirido un sentido práctico con el tiempo y que a pesar de que sabía que mi parte sensible y espiritual, aquel lugar que la gente de ahora llamaba irracional y supersticioso, ocupaba un gran lugar en mí, la mayor parte del tiempo trataba de ahogar todo ello y me dedicaba a vivir la realidad. En esas estaba, viviendo como una persona normal con un trabajo, responsabilidades, divirtiéndome de vez en cuando con algunos excesos que me permitía en los momentos en que no encontraba consuelo en lo que quería fuese real. Así seguía viviendo cuando en una de aquellas salidas en las que me aventuré sola a pesar de los peligros que eso resultaba, entré a un lugar que no conocía a pesar de haberlo visto por el día. La entrada era modesta, un pequeño portón de acero rodeado por un marco azul, en el interior se podían ver sofás alrededor de acogedoras mesas sobre las cuales se levantaban pequeñas llamas de color amarillo que salían de las velas blancas ubicadas en el centro. No había iluminación externa y la música si bien estaba a un volumen considerable, no alcanzaba a aturdir los sentidos, todo era más bien tranquilo, hacía mucho no sentía esa paz al llegar a algún lugar y por una fracción de segundo pensé en ello como una “casa” como un hogar olvidado en el tiempo a pesar de que era imposible que alguna vez mi vida tuviera lugar en aquel sitio.
Me senté en una de la mesas del fondo, realmente no tenía ganas de bailar a pesar de que esa era una de las cosas que más disfrutaba, pedí un margarita y mientras tomaba pequeños sorbos me deleitaba estudiando a las pocas personas que se encontraban allí en el momento. Sabía que iba a ser presa fácil, no es común encontrar una mujer sola y usualmente los hombres suelen caer como abejas sobre miel al ver esto, pero no me importaba, ya había descubierto que bastaba con mirarlos fijamente a los ojos y decirles un no seguro para que desistieran, de ese modo ya había rechazado un par de desafortunados que me habían invitado a salir a bailar y a uno que pretendía sentarse a “hacerme compañía”. Después de un tiempo me aburrí y salí a la pista, era liberador estar allí dejando que mi cuerpo se moviera a su antojo, sabía que eso era parte de mi esencia, que bailar era lo más mágico a lo que podía acceder, siempre me llevaba a un estado en el cual nada podía dañarme y era algo que había hecho desde que tenía uso de razón, recuerdo muy bien el día que a mis 2 años en casa de mi abuela sonó una canción que nunca más volví a escuchar y yo como en un trance había salido a bailar sola en el patio, después de eso la música y el baile pasaron a ser parte de mi vida, no importaba lo que sucediera, siempre podría encontrar esa vía de escape, ese contacto con lo más esencial del mundo.
Estaba en mi pequeño trance, dejándome llevar por aquellos sonidos cuando en mi mente se escuchó claramente mi nombre, era una voz fuerte, masculina, pero no me asustó, ¿me estaba volviendo en verdad loca?, no, tal vez era sólo producto del cansancio, tal vez en la misma música hubo un sonido parecido a mi nombre y mi cerebro lo interpretó de esa manera así que después del sobresalto inicial continué. Ya era tarde, y la verdad estaba agotada así que decidí irme, salí a la calle, tomé el primer taxi que se cruzó en mi camino y llegué a mi apartamento, mi hijo no estaba esa noche por lo que realmente no me preocupaba la hora de llegada, encendí las luces, tomé un vaso de agua y me fui a la cama. Apenas cerré los ojos un sueño extraño vino a mí, en él alguien que yo conocía muy bien me abrazaba mientras susurraba al oído mi nombre, los colores eran vivos a pesar de que la luz del lugar era tenue, a lo lejos se divisaba la luna llena, el bosque se extendía a lo largo y ancho del paisaje y en medio de él se veía un gran lago cristalino de aguas de espejo que reflejaban lo que había a su alrededor, soplaba una brisa agradable y por un momento sentí que ya había estado en aquel lugar que si bien era perfectamente viable tenia cierto aire misterioso difícil de explicar. Aquel ser que me abrazaba me aparto delicadamente para mirarme y pude ver lo hermoso que era, su perfección era absoluta y dolorosa al mismo tiempo, su rostro anguloso se suavizaba con sus ojos almendrados y la boca era bellamente fina y delineada, los brazos eran firmes como todo su cuerpo, no había un ápice de imperfección en él pero algo no encajaba por completo, tenía un aspecto ultraterrenal, el brillo de su piel a la luz de la luna era imposible, era blanco, de un blanco marmoleo que cegaba y le daba el aspecto de un ángel, pero eso tampoco era cierto, sus ojos eran demoniacos y sus gestos tentadores, él me miró y pude percibir que no podía creer que yo estuviera allí junto a él, tan cerca, tan real y de un momento a otro de sus ojos empezaron a brotar grandes lágrimas rojas, la sangre cubría sus pómulos y se deslizaba como un pequeño rio viscoso, mis manos tocaron aquel liquido vital y en un acto reflejo desee saborearlo, pero él me contuvo, agarro mi mano con una fuerza descomunal y la sensación de su piel fría sobre mi piel me llego a la médula. Quería gritar, salir corriendo de allí y de súbito me vi de nuevo en mi habitación con el corazón agitado despertando de aquel terrible sueño, encendí la luz y no pude volver a dormir y así fue la noche siguiente y la siguiente, siempre el mismo sueño con algunas ligeras variaciones pero siempre con el mismo final, siempre la misma sangres, siempre su fuerza y su mirada devastadora y delirante sobre mí.
Intenté continuar mi vida de la mejor manera, me acerqué más que nunca a mi hijo, me concentré en mi trabajo y me olvidé de la vida nocturna, si mi hijo no estaba en casa un fin de semana alquilaba películas, llamaba a mis amigos o salía a cine, mantenía mi mente ocupada para no pensar, eso era lo único que no quería, pensar en aquellos sueños, solo quería que se desvanecieran y de alguna forma la noche empezó a aterrorizarme, tenía miedo de dormir, de soñar, pero había algo que me turbaba aun mas y era que si bien para mi ese sueño se volvió terrorífico, una parte de mi lo deseaba, deseaba estar allí con ese ser imposible noche tras noche, día tras día por toda la eternidad.
Se iban a cumplir 3 meses desde la primera noche que soñé con él y mi hijo se había ido a casa de sus abuelos a pasar el fin de semana, alquilé un par de películas ligeras y sin darme cuenta quedé rendida en el sofá, esta vez el sueño comenzó como siempre, con su presencia cerca de mí, pero al contrario de las otras veces su voz no susurro mi nombre sino que lo dijo como si fuera una orden, como si en aquel acto quisiera llamarme desde un mundo inexistente para traerme a la realidad, despertándome. No puedo decir con exactitud lo que sucedió esa noche porque en ese entonces era algo que se salía de lo que era lógico para mi, sólo recuerdo que vi a aquel ser sentado al borde de la cama observándome con esos hermosos ojos que encantaban, era un demonio mirándome con ternura y aquello era imposible, eso no podía ser real, esos seres no existían, eran solo producto de la ficción de mentes creativas o perturbadas, aquellas cosas sólo sucedían en los libros o las películas pero no eran posibles en la realidad, además y a pesar de que yo misma había experimentado algunos eventos que podía llamar fuera de lo común no eran más que producto de cosas explicables por la razón y aquello definitivamente no tenía ni pies ni cabeza. Mis miedos infantiles combinados por la fascinación volvieron a mí, él sonrió y pude comprobarlo cuando vi sus colmillos, si, era uno de ellos, no, eso no podía ser posible, los vampiros no existían, de ninguna forma podían existir, no era posible ni natural y mucho menos era posible que estuviera allí tan presente a mi lado, tan real y a la vez tan etéreo, pensé que de nuevo estaba soñando, que el maldito sueño que se repetía había vuelto a mí para torturarme, para enloquecerme pero entonces quede sembrada en mi cama cuando oí su voz, esa voz imposible que me empezó a hablar.
- Zhabry, Zhabry Khali, ¿sabes lo que significa tu nombre? ¿sabes quién te llamó así realmente?. Imagino que no, imagino que tampoco tienes idea de porque tenias ese deseo irrefrenable de tener un hijo aunque pareciera una locura, tampoco debe ser lógico en tu mente que te hayas obsesionado en un tiempo por seres imposibles y que a pesar de que lo único que querías era acallar eso, sentías algo superior a ti, un deseo enorme por algo que siempre supiste que aunque imposible seria hermoso si existiera a pesar de que la lógica, la lógica y la racionalidad de la que haces alarde dice que es irreal y que además seria una abominación, un error. Los que son como nosotros no pueden tener cabida en este mundo, en esta realidad, pero aquí estoy, aquí estas tu y las respuestas que siempre estuviste buscando están al alcance de tu mano.
Intenté articular alguna palabra, algo que decir, algo que preguntar, cerré los ojos con la esperanza de que al abrirlos él no estuviera allí, pero todo eso parecía inútil y el siguió hablando para sí mismo sin prestar atención a mis pobres pensamientos mortales con una amplia sonrisa brotando de sus labios.
- ¿Recuerdas la vez que a los 3 años saliste de noche al baño viste una luz imposible y además escuchaste que alguien te había dicho: te quiero? ¿recuerdas cómo saliste corriendo y cómo a través de los años te preguntaste si eso había sido cierto? Como creciste sofocando una a una todas las manifestaciones que se salieran de tu realidad, buscándoles lógica, intentando buscar respuestas que encajarán en éste mundo, dejándolas lejos, olvidando quien eres, traicionando tu naturaleza para darles gusto y para encajar en ésta sociedad de la que nunca te sentiste parte.
Luego se acerco a mí, pude ver sus ojos hermosos y brillantes a centímetros de mi cara, sus labios deliciosos, su piel blanca y su aliento de hielo que me estremeció por completo, tomo mi mano con suavidad y me acerco a su pecho mientras acariciaba mi cabeza y repetía para sí mi nombre como una letanía, su expresión cambió, ya no era un ser venido de los infiernos, había algo humano en su forma de mirar, en la forma de tocar mi pelo.
- Mi niña, mi Zhabry, mi princesa, no sabes cuánto tiempo he vivido destrozado sabiendo que no podía acercarme a ti, que mi castigo por haberme presentado ese día cuando apenas tenias 3 años ha sido el más cruel de todos los que he recibido, no sabes el miedo que siento al saber que ahora en manos de este terrible monstruo que soy yo está la vida del único que ser que realmente he amado a través del tiempo y aunque me llena de terror que me rechaces anquen eso sería lo mejor, lo más lógico y lo entendería, créeme que lo entendería y podría vivir toda la eternidad con el solo recuerdo de este momento, pero quiero que antes de que huyas o me alejes sepas que estas destinada a cosas grandes, si aceptas esto todo cobrara sentido y todo el dolor que ha atravesado tu vida encontrara respuestas, no puedo explicarte todo ahora, no puedo aunque quisiera y sé que lo que te voy a proponer debes considerarlo con cuidado porque tendrás que desprenderte de lo más esencial de tu vida, porque tus decisiones afectaran más que nunca el camino de otros y no será fácil, pero aunque suene a un imposible quiero que confíes, yo sé que tu lo quieres, así que confía en tu intuición.
Mi mente no podía procesar todo aquello, por un lado sentía un miedo irracional que me carcomía el alma, junto a mi estaba un ser terrible con el que siempre había soñado y de momento no me haría daño pero todo ello era monstruoso en sí mismo, por otro lado sentía que había llegado al final de un largo camino y que por fin todo cobraría sentido, pero mi mente seguía preguntándose qué era todo eso, yo sabía cuál era la propuesta, desde que lo vi supe que el venia a tomar mi vida mortal para convertirme en uno de ellos pero también sabía que no lo haría sin mi consentimiento, ¿y qué era todo eso de que yo estaba destinada para cosas grandes?, porque me pregunto por el origen de mi nombre, por mi hijo y vino a la mente él, mi hermoso hijo, yo no podía abandonarlo, si decidía ser un ser horrible e inmortal tendría que renunciar a mi hijo y eso era lo último que yo quería en el mundo, el lo era todo para mi, mi vida, mi luz, sí, él era mi luz y si yo decía que sí me iba a sumir en la oscuridad por siempre y para siempre, no podía permitirlo, no ahora.
Él se levantó despacio, como si hubiera leído mis pensamientos y mis dudas llenándolo de soledad y tristeza, yo sabía que él nunca me dañaría, lo había sabido siempre dentro de mí, desde aquella noche en la que tenía 3 años, pero ahora tenía mucho miedo, siempre tuve miedo de que mis deseos se cumplieran porque después todo era desgracia y ahora que lo tenía allí, ahora que ese deseo profundo se había materializado en el ser más perfecto y hermoso que jamás hubiera visto, la vida me ponía en una posición que no era fácil, no podía abandonar lo que yo era de éste modo, no ahora que por fin estaba renaciendo y salía de las cenizas como había hecho incontables veces, además no podía dejar a la deriva al ser que más amaba, si bien mi hijo ya no era un chiquillo, no quería dejarlo, no quería abandonarlo a su suerte y justo cuando pensé en él me miro a los ojos paralizándome.
- Algún día te darás cuenta de que él también tiene ya su destino trazado y no puedes hacer nada para evitarlo. De todas formas muy a mi pesar, no te presionaré, aun tienes algo de tiempo, dentro de 6 meses será el momento en el que el velo de los dos mundos será más delgado, ese día vendré de nuevo y quiero tener una respuesta a la propuesta que tu sabes que te voy a hacer, si, quiero que seas uno de los nuestros pero debes pensarlo con cuidado, después de que lo decidas no habrá marcha atrás. Y… - aquí dudó un momento antes de decirlo- no importa lo que decidas o lo que pase, no importa si decides olvidar todo esto o te parece una locura, yo volveré.
No me di cuenta en el momento exacto que desapareció, quería correr tras él, dejar que su petreo abrazo me envolviera para siempre, la angustia crecía en mi pecho, no sabía qué hacer. 6 meses, en 6 meses debía decidir mí destino y el de mi hijo, no, yo no podía hacer eso, él tan sólo estaba empezando a vivir, tenía 12 años y toda una vida por delante, por qué diablos mis deseos se habían hecho realidad, porqué se había aparecido aquel ser en mi vida de esa forma. No era justo, nada de lo que me sucedía era justo, por eso decidí olvidarlo para siempre y empecé a pensar que todo simplemente había sido uno de los tantos sueños que perturban la paz de las personas y que así como vienen, así se van. Seguiría con mi vida y lo borraría de mi cabeza, pero el tiempo corría y con el pasar de los días me daría cuenta de que no era tan fácil y de que justo esa noche todo lo que conocía iba a cambiar. Tendría que pensarlo, pero en el fondo sabía que no había nada que pensar, la decisión ya estaba tomada muchos años atrás cuando yo siendo una niña de 3 años vi a la luz de un reflejo azul, unos ojos con los que soñaría por toda la eternidad.